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EL CUBISMO Y LA LIRICA ESENCIALIDAD Los orígenes del cubismo hay que hallarlos en algunos pueblos primitivos africanos (solamente hay que mirar con cierto detenimiento los rostros de "Las señoritas de Avignon" de Picasso), en Cimabue, Giotto o Piero della Francesca, además de en Cézanne, antecedente del movimiento cubista, que devuelve la arquitectura a la pintura, ordenando geométricamente sus proyecciones plásticas. El pueblo catalán de Horta, aunque Picasso lo trate pictóricamente desde la visión cubista, no necesita la interpretación del artista malagueño, porque sus calles y casas son esencialmente cubistas y los cuadros protagonizados en 1909 por el autor del "Guernica" son traslaciones casi literales de una realidad paisajística concreta afín a esa estética. Los temas cubistas por excelencia son las naturalezas
muertas, y su época de madurez podemos situarla en torno a 1912
cuando el cubismo sintético incorpora el collage con lo que conlleva
como reaparición del objeto, manifestándose como características
propias el lirismo, la pureza y la esencialidad de las formas.
Esta exposición de creadores cubistas -franceses en su mayoría, porque esa fue la patria del colectivo- es más propia de una pinacoteca que de una galería privada, aunque la trayectoria de Leandro Navarro -continuada en la última década por su hijo, Iñigo-, coleccionista antes que marchante en los últimos 45 años está marcada por diferentes hitos -los que llevamos tres décadas dedicados a la crítica de arte en Madrid lo sabemos- como fueron las primeras muestras personales de Tápies y Antonio López en Madrid, cuando Leandro era socio de Aurelio Biosca, otro de los verdaderos educadores del gusto estético español en el tiempo de oscurantismo y penuria de la postguerra . Si buscamos un antecedente de esta exposición lo encontraremos en la muestra organizada por la Galería Leandro Navarro la pasada temporada que sirvió para descubrir al público español a Georges Valmier (1885-1937), uno de los creadores cubistas más próximos en su evolución artística a Picasso y Braque, del que ahora se exhibe un cuadro excepcional titulado "Figura", datado en 1920, en el que los triángulos y los círculos conforman un conjunto de esplendorosa belleza en la afirmación de un óvalo que acoge todas las posibilidades de desarrollo de los sueños, además de unos guaches en los que Valmier es un niño que juega con su caja de colores y "una nadadora" a la que acompañan peces que parecen tallados en los alrededores de su cuerpo. Diría que además de las obras de Valmier, hay que citar una pieza de Jean Metzinger (1883-1956) como emblemática de la exposición. Se titula "Maisons prés de la mer" ("Casas cerca del mar"), cuyas características son la importancia del color (verdes, rosas y ocres), el relativo naturalismo y tratarse de una composición muy trabajada en la que late la vertiente del enigma. De Metzinger, al que algunos consideran un artista de segunda fila, es el primer retrato cubista, que realizó a Apollinaire en 1910 , aparte de publicar, en colaboración con Albert Gleizes, el primer tratado sobre el movimiento epigrafiado "Del Cubismo" en la temprana fecha de 1912, plagado de intuiciones y con planteamientos filosóficos muy interesantes.
El citado volumen fue publicado en la editorial Figuiére, dirigida por Jacques Nayral, de quien Gleizes (1881-1953) realizó varios retratos, uno de ellos presente en esta exhibición y datado en 1911, que es un estudio para un óleo conservado en la Tate Gallery de Londres. La potente figura del editor está rodeada de irregulares geometrías que semejan las páginas de libros que le envuelven y le dotan de la sabiduría que contienen. El trasfondo naturalista y el empleo comedido del color son algunas de las características que adornan sus otros trabajos, debiéndose destacar los titulados "Arabescos" y "Bailarina española", una acuarela fechada en 1916. El contacto con la exótica civilización argelina estimuló el sentido del color de Charles Dufresne (1876-1938), como demuestra en sus dos pinturas protagonizadas por "Caballeros", muy próximo a las posiciones cromáticas de Delacroix, integrando además en un estilo personal una síntesis de fauvismo-cubismo sin renunciar al componente imaginativo que rodea sus fantásticos paisajes. Por su parte, Leopold Survage (1879-1968), prefirió los paisajes y estuvo dominado por un curioso sentido espacial, que se aprecia en la tela titulada "El pájaro en la ciudad", dotada de una misteriosa evocación ajena al movimiento cubista más ortodoxo y que está maridada con una mezcla de destreza e imaginación de corte lúdico. Louis Marcoussis (1883-1941) es uno de los más lúcidos representantes de la forma pura del cubismo, que se expresa con sutil gusto y genuina musicalidad, que hizo de la claridad y sencillez de la estructura pictórica un realismo poético y un sentimiento por la naturaleza, si bien en "L´Orage" (1939), composición de la que se puede disfrutar en la exposición, haya que entenderla como un canto a los más nocturnos alfabetos. Jean Lambert-Rucki (1888-1967) no fue un artista dedicado al cubismo con exclusividad, adentrándose en estilos con fuerte influencia de los clásicos italianos, planteándose óleos, dibujos, esculturas en bronce, yeso y madera en una dilatada producción, aunque posiblemente se trate del artista menos conocido de los que conforman el elenco de esta exhibición. El bordelés André Lhote (1885-1962) aplicó la filosofía cubista a la representación de objetos y escenas cotidianas, fundamentalmente temas deportivos y portuarios, utilizando planos geométricos definidos por contornos precisos y colores puros, ya que su "método", basado en la transcripción geométrica de las figuras y los objetos y en la búsqueda del movimiento, también lo empleó en la plasmación de paisajes, bodegones, interiores y retratos, manifestando con sus desnudos ("Nu devant un paisaje", 1911) su deuda con el clasicismo que abarca a autores que van desde Rubens hasta Ingres, y con el mejor Gauguin en "Le Marin et la Martiniquaise", sin obviar el pastel titulado "Rugby" (1920), que tiene el antecedente de otro de igual título, fechado en 1917, y que pertenece a los fondos del Museo de Arte Moderno de París, y que sorprende por la delicadeza cromática con que está tratado tan viril deporte y como el creador francés pone en práctica su singular estado de la construcción por planos, en una amalgama de formas en las que las figuras mantienen su pertrecho individual. La representación española la forman Julio González y María Blanchard, el barcelonés con una "Cabeza cubista" de 1936, mientras la cántabra impone su ternurismo humanizado en una Maternidad que conserva algunos rasgos cubistas fundidos con otros de carácter más expresionista, aunque mantenga siempre el rigor en sus composiciones y un repertorio temático que entronca con el de su propia vida, y así aparecen la infancia, la soledad, el abatimiento, la tristeza y las enfermedades como proyecciones de un discurso tan pleno como desgraciado. Carlos García-Osuna |
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© LEANDRO NAVARRO, 2006
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